Febrero
En unas horas tengo un concierto.
En unas horas tengo un concierto.
Y no es un concierto cualquiera. Es un concierto mío. Es mi proyecto. Un proyecto caduco, un principio y un final escritos y nunca evitados. One night only.
Un amigo y yo decidimos hace años que queríamos volver a tocar juntos aunque fuera una sola vez, puesto que la última vez que tocamos juntos, allá por 2013, no sabíamos que iba a ser la última. De haberlo sabido quizás lo habríamos hecho mejor o de otra forma o habríamos tratado de evitar que fuera la última vez. No lo sé. Quién sabe.
Pero hemos decidido apropiarnos de la narrativa y hacer que esa no fuera la última. Queríamos volver a tocar juntos y convertirnos en nuestra banda favorita. Como no podemos tenerlo todo, nos hemos convertido en una banda que no es la nuestra pero que es nuestra banda favorita. No me gustan las bandas tributo, así que hemos llamado a lo nuestro “proyecto” y “homenaje”. Porque es puntual y porque es para rendir homenaje a la banda que nos unió cuando éramos unos chavales de 18 y 19 años.
Para este proyecto y esta noche hemos conseguido engañar a uno de los mejores baterías que he escuchado en directo (aunque él no se lo crea; me revienta tanto que no se haga cargo de lo bueno que es; les daría una paliza a quienes le hicieron sentir tan prescindible cuando un buen batería es el corazón de cualquier agrupación) y a un guitarrista que llevo siguiendo desde allá por 2009, cuando fue telonero de Negative con su grupo, The Diesel Dogs (que sigue en activo y en estupenda forma; es un lujo absoluto tenerle como colega y compañero de grupo por este tiempo limitado; cuando accedió a esta movida no me lo podía creer).
Escribo todo esto desde un impulso. Desde el no querer olvidar esta sensación. No soy pesimista por lo general, pero tampoco soy la persona más optimista del mundo. Tengo ansiedad, así que incluso cuando todo va bien, me pongo en lo peor. Por eso no quiero olvidarme de este momento en el que me siento la persona más afortunada del mundo. Porque voy a dar un concierto con mis amigos al que van a acudir muchos más amigos. Porque hoy digo esto y la semana pasada estuve en París yendo a ver Huta1, algo que nunca estuvo en mi lista de cosas que iba a hacer en la vida, porque no soy especialmente viajera más allá de mis pocas pero extensas aventuras por Corea (los aviones me dan paniquito) y porque nunca pensé que fuera a ver a Huta en directo.
Hoy Huta va a actuar en Madrid. Cuando anunció la fecha y vi que coincidía con mi primer concierto después de 7 años, tras pasar otros muchos muriéndome por verle a él en solitario o con su grupo BTOB, pensé que no podía tener peor suerte. Qué tontería, ahora que lo pienso. Porque mi concierto iba a ser especial. Y porque, efectivamente, había otra forma de hacer las cosas. Tengo, de nuevo, la inmensa suerte de contar con cómplices en mis crímenes contra mi cuenta bancaria, ya que una muy buena amiga se sumó a la aventura de ir a verle a París. Reconozco que sin ella, no habría tenido gracia ver a Huta en la ciudad de las luces ni en ningún lado.
En una sola semana, he ido a ese concierto, he visto el Moulin Rouge, me caí por unas escaleras2 en el metro de Pigalle y de no ser por eso no habría acabado comiéndome un crêpe au sucre en el Café des Deux Moulins (iykyk), vi a mi primo que reside en Montmartre (al que llevaba años diciendo que si iba a París le avisaría, a sabiendas de que era poco probable que fuera, pero mira qué cosas… ), comí comida francesa y camboyana (real) y bebí un vino francés del que me enamoré. Confirmé que no todos los franceses son guapos (como todo el mundo dice) pero sí que los que son guapos son MUY guapos (eso no me lo había dicho nadie). Visité la tumba de Jim Morrison y me acordé de otro primo que me regaló un recopilatorio de los Doors a mis 17 años. Supe de primera mano que la Torre Eiffel impresiona más de lo que te imaginas. Me alojé en una zona chunga y sobreviví para contarlo. Viví una aventura que nunca pensé que fuera a vivir, a fin de cuentas.
El mundo es un caos. El tecnofeudalismo, una mierda. No tener un trabajo es un asco. Tenerlo también. Soy consciente de mis privilegios y de mis barreras. No me siento afortunada solamente por lo que poseo, por lo material. Por lo que realmente me siento afortunada es por tener gente que me acompaña en mis locuras, que me apoya, que no me trata como si fuera una cría que se aferra a sueños imposibles. Este mes he cumplido 36 años y el verme más cerca ya de los 40 que de los 30 me ha supuesto un pequeño golpe, aunque siempre he preferido cumplir años a no cumplirlos. Pero ahora soy más consciente de que estoy rodeada de gente que me reafirma en lo que hago, en cómo vivo mi vida, que aunque es pequeñita y es una gota en un océano, intento hacer interesante en medida de lo que puedo, de lo que permito y de lo que me alcanza. La vida puede ser una mierda, pero también puede ser muy buena. Y quiero recordármelo. Quiero que quede por escrito. Porque hoy es uno de esos días en los que es buena y quiero transmitirlo y contagiarlo y que para los demás también sea un día que merezca la pena. Hoy es día de concierto, en Madrid hace tiempo primaveral y mañana es viernes. Y ayer los Social Distortion anunciaron disco nuevo después de 15 años, JODER, NO SE PUEDE PEDIR MÁS:
Cuidaos mucho y pasad un fin de semana chulo o de relax o de amor o de cine o de perreo o de lo que os haga falta.
Artista coreano telentoso, majo, bonito, guapo, pesioso, y por supuesto, una de mis personas favoritas de Corea.
Estoy bien, sólo tengo un moratón ameisin. Tendríais que ver cómo quedó el otro. O sea, el escalón. Ya lo dejo.






Qué maravilla!
Leído de camino al concierto y con unas ganas enormes de vivir el bolo que habéis montado. ¡A tope!