Una lista
Para romper el bloqueo.
Te recomiendo leer esto desde la web. Porque leer desde el móvil a mí me parece un martirio. Y si te gusta lo que escribo, puedes suscribirte (es gratis).
Algo que odio de trabajar es que casi todas las ideas me vienen cuando estoy trabajando porque mi mente entiende que cualquier cosa es infinitamente más interesante que trabajar. No es que las mías sean grandes o buenas ideas que merezcan ser leídas por todo el mundo. Pero los momentos de inspiración escasean en estos tiempos en los que sólo podemos hacer algo con ella durante el breve instante que dura el paso de una pantalla a otra. Así que sí, cuando la inspiración se te escapa de entre los dedos o se convierte en algo que tienes en la punta de la lengua y que ya no hay forma de verbalizar, jode mucho. Por eso, y aún con todas las malas críticas que tengo hacia Substack últimamente (ramontes lo explicó muy bien aquí), agradezco que ahora nos brinden la posibilidad de publicar artículos desde la app del teléfono (me he enterado hoy). A mí personalmente me resulta más fácil poder hacerlo desde el teléfono mientras estoy en la oficina, a pesar de que todavía no funcione perfectamente, de que me deje los ojos tratando de revisar lo escrito y de que escribir textos largos en el móvil sea siempre una experiencia terrorífica. Sirve para romper el hielo, para empezar a darle forma mientras las ideas siguen flamantes y parecen llevar a alguna parte. Mis meses de bloqueo delante de la pantalla en blanco pueden llegar a su fin gracias a esto porque menos pensamientos fugaces se quedarán en el olvido eterno o a medio escribir en las notas del móvil. Quizás me sea más fácil publicar ahora. Quizás lo lamentemos todes.
Además de tirar de esta nueva funcionalidad de la aplicación, voy a tratar de acabar con el bloqueo haciendo algo que a todos nos encanta, aunque nos hagamos los especiales y los Rob Gordon o Rob Brooks1 de Hacendado pensando que somos los únicos raritos a los que nos gusta hacer eso. Sí, voy a hacer una lista. Porque es un formato sencillo y divertido y porque ayuda a mover los engranajes que hacen que todo vuelva a fluir. Y es que últimamente me cuesta fluir. Fluir, qué palabra más odiosa.
Lista de pensamientos intrusivos que hacen aparición cada vez que tengo ganas de escribir sobre algo o cada vez que consigo escribir algo sobre algo (╥︣﹏᷅╥)
«Esto que estás escribiendo no tiene ni pies ni cabeza»: Me suele pasar una vez he conseguido escribir dos o tres párrafos sobre algo que parecía interesante en mi mente, pero que en papel (o en pantalla) resulta una tontería como un camión de grande. Me está pasando ahora mismo.
«Substack no es tu diario privado y personal»: No quieres que tus padres o tus amigos lean esto. Podrías solucionar esta duda, esta crisis existencial, saliendo a tocar hierba o haciendo yoga (aunque lo odies) o hablando en persona con alguien de carne y hueso en lugar de compartir tus penas con una audiencia imaginaria o con el vacío.
«Crees que quieres escribir sobre esto, pero no»: Es muy posible que el tema escogido realmente no sea uno que te atormente o que te importe de verdad, sino que es un efecto de que las redes se hayan convertido en cámaras de eco. Estoy harta de que el 80% de lo que leo por aquí sea ya la copia de la copia de la copia y que además hoy haya leído la frase-cliché «la copia de la copia de la copia» en una docena de escritos, como si fuéramos todes una versión woke de Tayler Durden o algo así. Por cierto, lo de querer ser como Tayler Durden es algo que se debería superar como tarde a los 25, sobre todo si no eres un hombre blanco cishet manosférico que no ha superado haber tocado techo o fondo en la vida durante sus años de instituto.
«Este pensamiento se podría condensar en un bluit»: La versión bloguera-newslettera de «esta reunión podría haber sido un mail». No me gusta el anti-intelectualismo, pero sobreintelectualizarlo todo, sacarle punta y lanzar redundancias como si te fueran a aplaudir por cada una, tampoco tiene sentido.
Y yo en realidad ni siquiera publico tantos bluits. Estos últimos años he aprendido a filtrar y ya sé que hay veces que es mejor no decir nada y ahorrarle la turra al otro. No todo lo que nos pasa por la mente es tan importante. No necesitamos recibir reafirmación ni que nos digan lo identificados que se sienten con nuestras palabras todo el rato. Basta de buscar donde no hay para justificar comportamientos o intereses o cualquier cosa que no tenga mucho donde rascar. «Las cosas son lo que son y no lo que decimos sobre ellas», dijo ella, tratando de intelectualizar lo inintelectualizable.«No eres una coach de vida»: Ni siquiera de la tuya, tronquita. No te conviertas en aquello que querrías coser a leches. El único coach al que tal vez, quizás, posiblemente deberías creerte sería aquel que tuviera pruebas reales de haber vivido mil vidas o al menos las suficientes para poder aconsejar con criterio y que como mínimo te suelte algo del palo de «he cruzado océanos de tiempo para decirte cómo vivir tu vida». Por lo que, salvo que un vampiro o Ville Valo (en mi mente son prácticamente lo mismo) decida contarte sus secretos, dudo que exista uno que te diga la verdad y que no tenga intereses económicos y/o egotísticos ocultos o no tan ocultos.
«No le debes nada a nadie»: Nadie espera ansiosamente tu publicación. Nadie te pregunta por tu newsletter. Ni siquiera tu madre. Tampoco nadie debería exigirte que publiques, por supuesto. Recuerda que esto sólo lo hacías por ti y no quieres entrar en la espiral de querer ser leída para sentir que tienes valor intelectual o creativo o artístico ni buscas un poco de casito fácil. Porque eso te acabaría llevando a hacer que el acceso a tus escritos fuera de pago y así acabarías siendo otra persona que sólo hace públicas las actualizaciones sobre su libro (¿Libro? ¿Qué libro?). Porque claro que sí, si escribes (a veces) ya eres escritora, ya produces, eres artista, una diva, una diosa, no eres ya una mera usuaria. Esta mierda es ahora tu trabajo y el trabajo se paga, porque todo esfuerzo ha de ser monetizado. Y ahora hay que buscar un nombre para tu fandom porque AQUÍ HAY MARCA PERSONAL, AMIGUES, AQUÍ HAY POSIBILIDAD DE CRECIMIENTO, CADA TEXTO VA A EMPEZAR CON «¡HOLA MIS QUERIDOS ERIZERS!».
Os juro que me acaba de recorrer un escalofrío.
Entre unos y otros pensamientos de esta lista, he publicado poco, claro. Más bien nada. Pero he leído mucho. Creo que he llegado casi al punto de la saturación. Demasiada información. Demasiados temas y demasiadas historias. O más bien demasiadas personas escribiendo sobre lo mismo.
La copia.
De la copia.
De la maldita copia.
Sísifo empujando la roca.
Otra vez.
Demasiado «tienes que ver/leer/oír esto, esto y esto», lo cual me ha llevado a entender que ahora mismo no quiero estar al día, ya sea por comodidad, por salud mental o porque creo que así el algoritmo me dejará más tranquila (aunque el algoritmo siempre encuentra la forma de atormentarme).
Estoy tratando de combatir esa falsa necesidad de estar al tanto de cada cosa, por ejemplo, escuchando los mismos cinco o seis discos cuarenta veces en lugar de buscar o crear playlists con los 100 últimos lanzamientos o con canciones que transmitan una vibes o un mood2. No es mera repetición en este caso. Es interiorizar algo que quiero que sea mío, es abrazar algo que me importa. Las listas de canciones de espoti o de la plataforma que sea son algo que no deberíamos hacer taaan a la ligera, si os digo la verdad. Y mucho menos ir pregonando por ahí que somos, ejem, curadores de listas musicales. Basta ya.
También he decidido escuchar algunos álbumes que se lanzaron hace años, cuando yo estaba a otras cosas, pero que ahora tienen cabida en mi universo. Estoy reviendo una serie que vi en 2014 y estoy decidiendo si me sigue pareciendo un refugio o si habría sido mejor quedarme con el recuerdo. Estoy releyendo libros en vez de acumular pilas de nuevas lecturas (bueno, esto último es mentira, pero estoy intentando que la pila de pendientes no crezca demasiado).
En resumen: sigo intentando, como ya dije anteriormente, ser inabarcable y mantener un mundo interior rico dentro de mis posibilidades. Pero no a costa de querer abarcarlo absolutamente todo (no se puede).
Quiero ser principalmente honesta conmigo misma. Y honestamente no puedo con todo. No quiero consumir y consumir más y más contenido porque, ya para empezar, esas palabras, consumir y contenido, afean cualquier cosa bella que las acompañe.
Yo lo que quiero es vivir y disfrutar de lo que me gusta, y que lo que cale de verdad, permee para siempre en mi imaginario personal, quiero que sea mi lore.

No quiero dudar cada vez que me encuentro ante la página en blanco. Al menos no quiero dudar sobre la intención que hay detrás. Ser auténtica es cada vez más difícil en un mundo tan lleno de etiquetas, con tanta necesidad de pertenencia en un momento en el que todo se está desmoronando. Por eso es importante para mí saber para qué y para quién escribo realmente y no sentir que lo hago bajo presión ni para contentar a alguien que no sea yo, por egocéntrico que esto pueda sonar. Tampoco quiero poner tanto esfuerzo en ser auténtica que acabe no escribiendo nada por miedo a repetir lo que ya se ha dicho. Cuesta llegar al punto justo. Porque también os digo que hay gente taaan auténtica que resulta cruel y petarda (aunque ellos se justifiquen diciendo que sólo están siendo sinceros y que les da igual lo que piensen los demás) y no me gustaría llegar a eso.
En fin, mientras decido que es momento de terminar de escribir esto y mientras lo releo quinientas veces para divisar erratas, vienen los pensamientos intrusivos. Me voy demasiado por las ramas. Me repito más que el ajo. Parece que ando dando lecciones según mi manera de ver y hacer las cosas. Nada de lo que digo es tan importante. Ni mi padre va a leerse esta mierda entera. Pero es que si no lo escribo hoy y si no lo escribo de esta manera, no voy a poder volver a escribir. Tal vez la solución para seguir escribiendo con cierta asiduidad sea la que he puesto en práctica hoy, la de las listas. Es posible que el próximo día haga otra. Es más, he decidido que lo voy a hacer. Porque a mí me encantan las listas. Porque yo soy muy maniática y muy friki y muy auténtica y me encanta hacer listas de todo. ¿Habéis visto Alta Fidelidad?
Canción del día:
(Sí, estos días me estoy escuchando casi toda la discografía de HIM hasta la saciedad).
Si ya habías pasado antes por aquí, ¡mil gracias por leerme!
Y si es la primera vez que te topas con mi Substack, ¡mil gracias por leerme!
Gordon es el de la peli de Alta Fidelidad. Brooks la de la serie de Alta Fidelidad.
La música popular está de capa caída por culpa de estos términos. Las vibes y los moods (o las sensaciones y los estados de ánimo) están ahí para incitarnos al consumo rápido, falto de criterio, de conciencia y de consciencia, le pese a quien le pese (sólo te lo compro si tu meta no es escuchar música, sino tener algo de fondo cuando necesitas enfocarte en una tarea que requiere de tu concentración). Pero la cosa es que prestar atención a un álbum de un artista al que se la sudan tus vibes, tus moods y tu necesidad de sentirte identificado con absolutamente todo, requiere de trabajo, de esfuerzo, y probablemente de una empatía de la que empezamos a andar cada vez más escasos.








Es agotador intentar estar siempre al día. Mejor elige un libro de antes de los 80 y lee un rato a gente que no estaba contaminada por tanta modernidad.
También yo me pregunto si leer a gente en substack ayuda a algo o no, porque a veces hay tanta mediocridad (entre la que me incluyo) que creo que Sísifo estaría contento de no tener tiempo para leerla.